jueves, 29 de enero de 2015

Ver crecer a los hijos, ¿realmente hicimos lo correcto?



    Me parece ayer cuándo yo era una joven madre y me multiplicaba cual panes y peces de la antigüedad bíblica para atender a  mis dos hijos varones, que se llevaban relativamente poco y que me recordaban en mucho a los hermanos Zipi y Zape de los tebeos nuestros. Recuerdo los cientos de miles de horas de paseo en los parques, en jardines, columpios y en el campo (a ver las cabras y ovejas ya que por suerte vivíamos en zona rural) y les llevaba a diario a desfogar cuales perritos porque si no los sacabas, desfogaban en casa y la locura era generalizada. 

Y era harto frecuente encontrarte hablando con otras madres, abuelas, todas curiosas y desconocidas ellas, preguntándote de la "a" a la "z" sobre cómo cuidabas a tus hijos ó sobre ellos mismos: comienzan preguntando por la edad, continuaban por el peso y cuando querías acordar estás explicándole sin tu quererlo cómo duermen y en qué postura.

Al principio, pensaba que era una especie de curiosidad algo morbosa porque mis hijos han sido desde bebés muy altos y pensaba que era eso lo que daba paso a tamaña batida de preguntas, a las que yo en principio por educación, luego escuetamente iba respondiendo ante mi incredulidad de a santo de qué venía tanta curiosidad. Hasta que me dí cuenta de qué iba la cosa... A la mamá del niño delgado, le preocupaba la comida y por tanto preguntaba cuánto y con qué eran alimentados los míos. A la abuela del bajito, igualmente preguntaban cuánto dormían y si dormían bien porque le habían dicho que el sueño hacer crecer a los niños. En fin...era una cita diaria. No fallaba. Y descubrí que aparte de no fallar, el 99% lo hacían por una forma gratuita de inmolarse de sufrimiento, muy pocas por mera curiosidad ó por comentar.

jueves, 15 de enero de 2015

Presentación de una nueva blogger

                  

Hola amig@s!

      Permitirme que me presente: mi nombre es Consu y soy "granaína" de pura casta para mi orgullo. Soy una mujer de mediana edad, madre de dos hijos varones de 16 y 20 años, farmacéutica y especialista en Dietoterapia y elaboración de dietas.

Pese a mi formación científica a lo largo de mi vida, y a raíz de un accidente de tráfico que irrumpe mi vida y la cambia diametralmente, la observación de lo que ocurre a mi alrededor y en general en el mundo despierta mi mundo espiritual. Ese YO ESPIRITUAL se va haciendo cada vez más necesario y extenso, puesto que además de compensar mi punto de vista más terreno, más racional, va a permitir que crezca en mí el interés por el pensamiento, las artes y las letras, la historia, el amor hacia los libros y el cine, los animales, las culturas y paisajes...y un montón de campos que enriquecen mi vida día a día. Hoy por hoy mi vida sería impensable sin esta parte espiritual porque alimenta mi estabilidad, mi equilibrio emocional y me permite valorar y disfrutar enormemente todo lo que hay a mi alrededor, pese a todo.